Por qué construir Fermenty fue la decisión más difícil y más obvia
Por qué construir Fermenty fue la decisión más difícil y más obvia
Había una frase que repetíamos mucho antes de que Fermenty existiera. Siempre al final de un día de fermentación, con los tarros en la encimera y una libreta llena de anotaciones a medio descifrar.
"Tendría que haber una app para esto."
"Ya."
Y a otra cosa.
De la idea al compromiso
Tener una idea es gratis. Lo difícil es comprometerse a construirla.
Durante semanas esa frase quedó flotando. Había lotes que atender, recetas que ajustar. Pero la necesidad no desaparecía: apuntábamos proporciones en papel, las pasábamos a una hoja de cálculo, intentábamos recordar los tiempos del lote anterior. Si queríamos comparar resultados de dos meses distintos, tocaba rebuscar entre archivos con nombres como kombucha_v3_FINAL_esteesi.xlsx.
No era sostenible.
Lo que nos hizo seguir
Buscamos alternativas. Las herramientas genéricas no entienden la lógica de la fermentación: no saben que la kombucha tiene primera y segunda fermentación con objetivos distintos, que los tiempos cambian con la temperatura, que el peso del SCOBY importa.
Podíamos seguir adaptándonos a herramientas que no eran para nosotros. O construir algo que sí lo fuera.
La pregunta dejó de ser "¿deberíamos hacerlo?" y se convirtió en "¿por qué no lo hemos hecho ya?"
Hubo dudas, claro. ¿Y si nadie más lo necesita? ¿Y si la gente prefiere sus cuadernos?
Pero cada vez que volvíamos a fermentar, volvía la misma respuesta: la necesidad era real, la usábamos nosotros mismos esta misma semana. Cuando eres tu propio usuario, la brújula no falla. Y si nosotros lo necesitábamos, probablemente no éramos los únicos.
La lección
Lo difícil no fue el código. El código tiene solución: buscas, aprendes, iteras.
Lo difícil fue decidir empezar y luego sostener esa decisión cuando la vida empujaba en otra dirección. Aceptar que habría semanas de avance cero. Que construir bien es más importante que construir rápido.
Y confiar en que los años fermentando —los errores, los lotes fallidos, los registros caóticos— no eran solo el coste de una afición. Eran el material con el que estábamos construyendo algo útil para otros.
De momento, ha merecido la pena. Y seguimos.
¿Fermentas en casa? Apúntate a la lista de espera y sé de los primeros en probar Fermenty.
Fermentista incansable y parte del equipo de Fermenty. Me apasiona la creatividad que despiertan los fermentos, y cuando salen bien :)
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